Pero no todo es culpa de los vendedores de licor, pues los menores van a las tiendas de licor con intenciones de tomar, estos adolecentes muchas veses no solo toman por placer pero por influensas con las que conviven todos a la mayoria de los días.
La creencia más compartida entre los diferentes grupos de adolescentes y jóvenes, tiene que ver con la asociación, según su opinión, entre el consumo de alcohol y las "consecuencias positivas" que este proporciona. Entre estas destacan, según ellos indican, una potenciación de la actividad psicofísica ( alegría, euforia, superación de la timidez y retraimiento, mejoría del estado de ánimo, etc.), posibilidad de diversión e integración dentro del grupo de amigos donde la mayoría consumen.
En la medida que el alcohol proporciona a los jóvenes una serie de efectos o consecuencias positivas, y el joven los interpreta como un beneficio, dichos efectos se convierten en motivos de consumo. La juventud, como regla general, no asocia el consumo de alcohol con los problemas que de él pueden derivarse, ellos esperan del alcohol cambios positivos globales (facilitador de expresividad emocional, desinhibidor y potenciador de las relaciones sociales, etc.), y a la vez no creen que dicha sustancia tenga consecuencias negativas, influyendo considerablemente en un mayor consumo durante el fin de semana, donde las relaciones interpersonales se intensifican. Por eso anticipar los "efectos positivos" y no las verdaderas consecuencias negativas, conlleva a que se produzca un mayor consumo social.
No cabe duda que la presencia casi constante de estas noticias en los medios de comunicación y la realidad por cualquiera de nosotros una tarde-noche en las zonas de ambiente juvenil de nuestras ciudades, son elementos que crean una gran sensación de alarma social y desconciertan a padres.
Los jóvenes beben. Beben mucho y de forma incontrolada. Cada vez son más jóvenes cuando empiezan a ir a bares. Se emborrachan todos los fines de semana y no parece importarles nada más.
Este tipo de afirmaciones se escuchan a menudo en las conversaciones entre adultos, rodeadas de un sentimiento de incomprensión hacia esa manifestación social de rebeldía. Pero, realmente, ¿qué está sucediendo con los jóvenes?
Los diversos estudios realizados en estos últimos años indican que, efectivamente, los jóvenes beben de un modo diferente al que los hacían sus padres, y que esta forma de beber preocupa por su falta de autocontrol. Por un lado, la edad de inicio en el hábito de beber socialmente ha ido bajando hasta situarse en los 14-16 años. Este dato en sí mismo ya es preocupante porque en nuestro país esta prohibida la venta de alcohol a menores de 18 años.
POR: Juan José Carrión

No hay comentarios:
Publicar un comentario